Capitulo 9 -Cuando Te Vi, Supe Que Eras Tu

La limusina se detuvo frente al bloque de apartamentos y Selena se miró al espejo del Rolls. La operación de cirugía estética que se había hecho el año pasado para alisarse la piel y deshacerse de la grasa sobrante bien valía el precio que había pagado. Podía pasar perfectamente por una mujer de treinta años.
Llevaba el pelo moreno cortado a la última moda en la mejor de las peluquerías, el cutis brillante e hidratado con los productos más caros, el maquillaje perfecto e inmaculado, destacando sus ojos negros, y las uñas de los pies y manos brillantes con laca de uñas rojo oscuro.
Una sonrisa de satisfacción curvó sus labios. No, era imposible que una simple chica de oficina, una muchachita de la que, oficialmente, se había enamorado durante las negociaciones para la compra de la cadena de hoteles, pudiera competir con ella. La expresión de los ojos de Selena se hizo más severa.
Esa chica, quien quiera que fuese, comprendería pronto el error que había cometido tratando de reclamar al hombre que ella deseaba. Un tremendo error.
Selena salió de la limusina dejando tras ella el rastro del perfume que ordenaba preparar en París única y exclusivamente para ella, un perfume denso, pesado, con un aura sexy a musgo. Sus hijas, ya adolescentes, lo detestaban, le rogaban constantemente que cambiara de perfume, pero Selena no tenía ninguna intención de hacerlo.
Aquella fragancia era como su firma, la esencia de sí misma como mujer. La aburrida novia inglesa de Justin, indudablemente, llevaría insípida agua de lavanda.
-Dejaré aquí el coche
Dijo Justin deteniendo el Mercedes en el aparcamiento de un carísimo centro comercial, justo en el centro de la ciudad. __(tn) abrió los ojos incrédula al ver el precio a que se cobraba la hora de aparcamiento. Ella jamás habría soñado pagar tanto dinero por aparcar, pero los ricos, según parecía, eran diferentes. Hasta qué punto eran diferentes, eso lo comprendió __(tn) a lo largo de aquella tarde, mientras Justin la arrastraba de tienda en tienda, a cual más lujosa. En cada una de ellas la presencia de justin producía en los empleados el tipo de comportamiento reverente que __(tn) había imaginado. Admiración por parte de las mujeres, especulación sobre su reacción ante los distintos trajes que iban sacando para su inspección... Su inspección, no la de ella, comprendió __(tn) con creciente resentimiento y frustración.
-Yo no soy una niña ni una muñeca
explotó por fin __(tn) al salir de una de las tiendas, tras negarse a probarse un traje de pantalón beigs que, según la vendedora, era perfecto para ella.
-¿No? Pues desde luego estás haciendo una imitación perfecta -replicó Justin- Ese traje era...
-¡Ese traje costaba más de Diez mil Dolares! -lo interrumpió __(tn)- ¡Es imposible que pueda pagar jamás ese precio por un traje.. ni siquiera por mi traje de novia!
Justin se echó a reír
-¿Qué es lo que te resulta tan divertido?
-Tú -contestó él- Mi querida __(tn), ¿tienes idea del tipo de vestido de novia que te van a dar por menos de Diez Mil Dolares?
- No, ni idea -admitió __(tn)- pero lo que sí sé es que jamás me sentiré cómoda llevando una ropa que cuesta lo mismo que alimentar a todo un país, aunque sea pequeño. Además, llevar un vestido de novia caro no es garantía de que el matrimonio vaya a tener éxito.
- Ahórrate las lecciones de moralidad -la interrumpió Justin enfadado- ¿Se te ha ocurrido pensar alguna vez cuánta gente se quedaría sin trabajo si todo el mundo fuera por ahí con Jeans en lugar de trajes y vestidos, como a ti te gusta?
- Eso no es justo -se defendió __(tn)- No sé por qué insistes tanto en ir de compras, yo no necesito ropa. Ya te lo he dicho. Y, desde luego, no hace ninguna falta que vayas por ahí alardeando de tu dinero para impresionarme
-No, ni a ti ni a nadie -la interrumpió Justin- Soy un hombre de negocios, __(tn). Yo no voy por ahí alardeando de mi dinero ante nadie, por ninguna razón, y menos aún ante una mujer a la que podría comprar por la mitad del precio de ese traje que has rechazado.
-¡Oh no, de eso nada!
añadió en tono de advertencia, con voz de seda, alargando una mano para agarrar la de ella, que __(tn) había levantado automáticamente. Justin la agarraba por la muñeca con tanta fuerza que __(tn) vio cómo los dedos se le ponían completamente blancos, pero tenía demasiado orgullo como para decirle que le estaba haciendo daño. También tenía demasiado orgullo como para admitir que se había dejado llevar momentáneamente por la ira, y solo cuando comenzó a tambalearse, atónita y pálida de dolor, se dio cuenta Justin de lo que estaba ocurriendo.
La soltó y juró en voz baja, y luego comenzó a hacerle un masaje en la muñeca con la intención de restablecer el flujo de sangre.
-¿Por qué no me has dicho que te estaba haciendo daño? ¡Tienes los huesos más frágiles que los de una Damicela!
Pero ni aún entonces, mientras él se inclinaba sobre ella para darle masajes, se ablandó __(tn) lo suficiente como para pedirle compasión y clemencia.
-No quería echar a perder el momento, parecías tan divertido. Es evidente que disfrutas haciéndome daño.
__(tn) se puso tensa al escuchar el «oooh» que Justin profirió mientras la soltaba. Y más tensa aún cuando vio el brillo decidido de sus ojos al decir
-Esto ha ido demasiado lejos, te estás comportando como una niña. Primero una ramera, y ahora una niña. De ahora en adelante, solo quiero que interpretes un papel, __(tn), y sabes muy bien a cuál me refiero. Te lo advierto, si haces o dices algo que provoque las sospechas de mi familia, que les haga pensar en lo más mínimo que no estamos enamorados, te lo haré pagar bien caro. ¿Me comprendes?
- Sí, te comprendo.
-Te estoy hablando muy en serio -volvió a advertir justin- Y te aseguro que no solo no podrás trabajar en la cadena de empresas Demetrios. Si me fallas, __(tn), me ocuparé personalmente de que no puedas trabajar en ningún sitio.
Un contable en el que no se puede confiar, que ha sido despedido por sospechas de robo, no es precisamente el empleado más solicitado.
-¡No puedes hacer eso!
exclamó __(tn) con voz débil, pálida, consciente de que era capaz de hacerlo. Lo odiaba... lo odiaba de verdad. Cuando, al arrastrarla a la siguiente tienda, __(tn) vio la mirada lasciva de la dependienta hacia él, no pudo por menos de comprender que Justin recibía con una cálida bienvenida aquella mirada. ¡Más que cálida! Justin no decidió, por fin, que __(tn) tenía el vestuario que necesitaba hasta última hora de la tarde.
En la última tienda, la vendedora le procuró a __(tn) una ropa que ella solo había visto en las revistas. __(tn) había rechazado todo lo que ella iba sacando, pero en cada ocasión, excepto en una, Justin había impuesto su criterio. La única vez en que ambos estuvieron de acuerdo fue cuando la dependienta sacó un bikini que, según ella, era perfecto para __(tn).
La escasez de tela que debía cubrir sus vergüenzas la hizo abrir los ojos atónita. Y más aún el precio.
-¡Pero con eso no voy a poder nadar! -había protestado __(tn)-
- ¿Nadar con este bikini? -había repetido la Vendedora, perpleja- ¡Dios mío, claro que no! Este bikini no es para nadar. Mira, este es el pareo a juego. ¿A que es divino?
- No, ese no es el tipo de vestimenta que deseo que lleve mi novia -las había interrumpido justin, añadiendo después, por si __(tn) no lo había interpretado bien
- __(tn) tiene un cuerpo lo suficientemente llamativo como para no necesitar adornarlo con un bikini propio de una chica de alterne.
La dependienta, muy diplomática, no había insistido. Sencillamente había vuelto con un surtido de bañadores. __(tn) había elegido el más barato, pero tuvo que conformarse cuando Justin añadió el pareo correspondiente. Mientras Justin pagaba la cuenta y lo arreglaba todo para que le mandaran los paquetes a su apartamento, __(tn) disfrutó de un café que le ofrecieron en la misma tienda. Quizá fuera por el hecho de que no había comido nada en todo el día, pero lo cierto era que se sentía desfallecer, tenía mucha ansiedad. De ningún modo se debía esa sensación a que justin y ella fueran a pasar la noche en el mismo apartamento, era imposible. ¿O no?
-Hay un restaurante excelente junto al apartamento -le informó justin una vez en el coche, conduciendo-
- Pediré que suban la cena...
-No -protestó __(tn) de inmediato- prefiero salir fuera
- Pues no creo que sea una buena idea -contestó él sencillamente- Una mujer sola, sobre todo una mujer como tú, atrae la atención de mucha gente y, además, pareces cansada. Yo tengo que salir, y no tengo ni idea de cuándo volveré.
justin iba a salir. ___(tn) sintió que la noticia la relajaba. Estaba cansada de tanta compra, de calcular las sumas de dinero que le debía a justin. Era mucho más de lo que hubiera querido. Tanto, que solo de pensarlo se ponía enferma. __(tn) siguió a justin por el aparcamiento hasta el vestíbulo del bloque de viviendas. Hacía falta una llave especial para poner en marcha el ascensor, que subió tan suavemente que ella no se dio ni cuenta.
-Por aquí -dijo Justin tocándole el brazo y guiándola hacia una de las puertas. justin llevaba su maleta, que dejó en el suelo mientras abría la puerta, obligando a __(tn) a pasar delante
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